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Pescando en Mallorca
El mejor lance de 2006
por , el 21 de febrero de 2007
2 Comentarios | Capturas | twitter twitter

Hola, me presento, soy Edu hijo de Andrés y a modo de colaboración iré escribiendo alguna aventura en este nuestro weblog de pesca.

Para inaugurar mi presencia os voy a explicar cual fue mi más grato recuerdo de la temporada de pesca pasada. Es difícil escoger uno entre los muchos que hubo, así que he decidido que os voy a contar uno de los más extraños.

Debió suceder por mediados de verano, no hacía mucho había sido el cumpleaños de Hector (hijo de Hilario) y le habían regalado una caña y un carrete de spinning preciosos. En esa salida coincidimos toda la cuadrilla, algo realmente raro, porque tan solo coincidimos un par de veces al año saliendo todos juntos, estabamos Andrés, Hilario, Hector y yo.

Empezamos la pesca calando algo de tita y como eramos muchos, en poco rato nos vimos con tiempo libre para probar diferentes técnicas. Hector, como no, montó su flamante caña de spinning con un rapala pequeño de 5 o 6 centímetros de color rojo, y se entretenía lanzando en la rompiente. Yo por mi parte me decanté por piezas menores, tentando a los pequeños mabres de la orilla con una caña de mano.

Pasada casi una buena hora ya había sacado los suficientes mabres vivos para poner durante toda la tarde, así que dejé a mis amigos los mabres para ir a ver que tal le iba a mi otro amigo. Hector había cambiado de zona y ahora estaba lanzando por delante de la rompiente y una lubina pequeña le tentó el rapala sin llegar a atacar definitivamente. Unos cuantos lances después, se cansó y allí estaba yo para recoger el relevo.

Hector se fue a donde teníamos el campamento a buscar algo para beber. Detrás de mí, no muy lejos, pendiente de una caña calada con tita estaba Hilario, en su mundo, fumando un cigarro.

Empezé con lances cortos para ir haciéndome con el manejo de la caña, desde la misma orilla hice tres lances hacia la rompiente atento por si volvía a ver alguna lubina. Al preparar el cuarto lance una gran sombra me pasó cerca de los pies, increíble!, una buena raya nadaba tranquila por el borde de la orilla hacia mi derecha.

Allí estaba yo, con una caña en la mano y la raya tentando con una buena dosis de parsimonia, nadando delante de mí. No es que la raya sea una especie muy apreciada por nosotros, por norma general devolvemos vivas al agua todas las que capturamos, así que solo podía salir perdiendo, esa raya era lo suficientemente grande como para romper la linea y perder el rapala o alguna otra desgracia. Pero eso no lo llegué ni a pensar en aquel momento y ganó el instinto cazador.

Lanzé el rapala bastante por delante de la raya y recogí poco a poco pasando el señuelo frente a ella, prácticamente rozándola, pero ni se inmutó. Cambio al «Plan B», aflojo el freno del carrete una vuelta aproximadamente y lanzó el rapala otra vez por delante, justo en la trayectoria que seguía, pero esta vez sin recoger carrete. El tiempo se paró hasta que, confiada, la raya se situó encima del rapala, y en ese maravilloso momento, ¡zas!, tirón fuerte hacia arriba y ya estaba clavada, la caña se dobló y el carrete soltaba hilo a raudales, un buen primer tirón de unos 40 metros.

Miré a Hilario y me miraba un poco asombrado, una ferracha!, una ferracha!, le decía, y todavía alucinaba más. A todo esto Hector se pegó una buena carrera desde la nevera, al ver la picada y al poco rato ya estaba diciéndome lo cabrón que era.

Jugué un poco con ella, con el freno abierto por completo y controlando la salida del hilo con la mano, temía por el aparejo, una caña de spinning es algo ligero y la linea era muy fina un 0.18 o un 0.22, no lo recuerdo. Se cansó bastante pronto y pude traerla a la orilla en unos cinco minutos. Debía pesar unos seis kilos, era una especie con las aletas bien largas muy estilizada, no se cual exactamente, hay tantas. Estaba clavada muy cerca de la boca, como a dos dedos de esta y una vez recuperado el rapala la devolvimos al agua.

Pero después de clavarla, el primer arreón, la pelea y la suelta, el placer más grande de todos vino al devolverle la caña a Hector y decirle: «¡Que bién que funciona tu caña nueva!», y comprobar como se retuercen sus cejas. A él va dedicada esta mi primera entrada.

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Comentarios

Que historia ¡¡¡¡¡¡

Lo mejor de pescar, son todas estas historias y recuerdos buenos que uno guarda ¡¡¡¡¡¡¡

hace 13 años por juan gonzalez

Me alegro de que guste.
Escribiré alguna batallita más cuando saque tiempo.

hace 13 años por Edu

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